LOS AROMAS DE LA PICANA
Por: Guillermo Iraola Mendizábal
Navidad, es una fecha especial en el calendario católico, que nos llama al recogimiento y encuentro familiar. Un momento de paz y de búsqueda de coincidencias. Momento especial en que se abre el corazón a la comprensión, el amor y la tolerancia. Y sobre todo de mucha alegría para los niños, que encuentran en este día, un singular momento con el reconocimiento a su existencia y a la necesidad de brindarles toda la alegría posible, casi como queriendo compensar los desamores del resto del año.
En nuestra querida ciudad, la costumbre de reunirse en familia, todavía persiste con más fuerza que en otras capitales del mundo y así esperamos que siga siendo por muchos años, antes que nos invada la soledad del individualismo.
Desde temprano se puede oír en las calles, los villancicos que improvisan los niños migrantes del campo, que de esa manera esperan obtener algunos regalos en reconocimiento a su esfuerzo por adorar al “niño Jesús”.
Las familias asisten a la “Misa de Gallo” y luego se reúnen en sus casas para adorar la imagen del “niño”, al que en la mejor de las tradiciones le han armado un nacimiento de “proporciones increíbles”, con juguetes y réplicas de todo tipo, tratando de reproducir el escenario de belén por una parte y fusionando los paisajes del diario vivir del paceño.
Viajando por Italia, descubrí que esta costumbre de armar el nacimiento del niño, fue enseñada por los curas franciscanos, quienes seguían al pié de la letra las enseñanzas de San Francisco de Asís.
Hacer “nacer al niño”, significa adorar su imagen hasta con música y danza, para lo que invitan a los grupos de villancicos a “adorar” su nacimiento, rezarle y expresarle sus mejores votos, algunas familias queman incienso y alrededor de esta costumbre se han compuesto recitaciones y villancicos que hoy forman parte del patrimonio intangible de nuestra ciudad. Luego vienen los abrazos y la cena.
Los menos devotos, llegan a las casas después de la “Misa de Gallo”, directo a cenar, brindan con Sidra o Champagne y la “madre” dueña de casa, invita una deliciosa cena.
Así, se sirve la PICANA, plato tradicional paceño, que se convierte en un rito de unidad familiar, de encuentro, de respeto, de religiosidad devota y tradición.
Don Zacarías Monje Ortiz, en su obra titulada “Costumbres sociales de la época colonial y de los primeros tiempos de la República” (1948), describe la PICANA de la siguiente manera: “En la Pascua de Navidad, se acostumbraba visitar a los amigos, como cumplimiento social, tributándoles el abrazo Pascual, en cuya noche buena se gustaba de la Picana, el famoso guiso de vaca, gallina y cordero cocido en ollones nuevos de barro y cerrados herméticamente con mezcla de cal. Se recuerda el caldillo del guisado que tenía vino tinto de Madera o de la Rioja española”
La PICANA, como plato tradicional de la “Noche Buena” es actualmente preparada y servida en la cena de todos los hogares bolivianos. Una costumbre extendida en toda su geografía y de uso en todas las clases sociales. |